Y ahí estaba ella, llorando por un dolor que no le pertenecía, cargandose un peso que no era suyo, sintiendo angustias ajenas como propias. Era tan frágil por dentro y por fuera, tan delicada y sensible, tan buena y tierna. Y yo quería protegerla, aislarla de todos los males del mundo que pudiesen dañar su frágil mente, su pequeña inocencia no preparada para ciertos golpes. pero ¿quién lo está? ¿quién puede ser lo suficientemente maduro para afrontar ciertas situaciones?. Uno nunca llega a estar listo del todo para la vida y sus fortunas, pero aún así yo sentía que ella menos, que ella las sufría más y le pegaban de una forma diferente.
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