octubre 29, 2011
Ninguna decisión puede ser peor que la incertidumbre. Ninguna, niguna puede doler más que no saber qué está pasando, que mirarse y sentirse en el vacío a merced del viento. Y si es mala por lo menos uno sabrá que es así y podrá deshacerse y arañarse y sangrar millones de lágrimas hasta sentirse sediento de una nueva vida. ¡Y cómo me molestan las dudas! ¡Cómo me alteran! Las miro y me digo por qué simplemente no desaparecen y se evaporan, ¡¿Para qué existen?! ¡Cómo me atormentan! Todavía no aprendí a enfrentarlas, a decir -esto es lo que quiero- y ponerme firme ante ello. No me sale no pensar en todas las variantes posibles y torturarme ante cada infinita posibilidad y sus millones de salidas. Parecería ser que hasta lo disfrutara, que difícil se me hace entenderme a veces. Todo no se puede.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
Es verdad, meño, ninguna decisión puede ser peor que la incertimdumbre. Ahora puedo respirar aunque sea. Gracias, gracias por aconsejarme indirectamente.
Publicar un comentario