diciembre 01, 2011

Luna te deseo
La embriagues cerró sus ojos con dulzura. Los besó y acarició los pómulos enrojecidos por el alcohol que recorría su cuerpo. Dejó caer sobre él una serie de tormentosos sueños que lo agarraron desprevenido. La pesadez de su cuerpo lo sorprendió en aquella penosa ilusión. Se sentía liviano de alma pero cada paso resultaba doloroso, hasta escandaloso. Su sangre corría precipitándose dentro de sus venas y golpeaba sus sienes sin un poco de piedad. La noche lo seguía en su viaje y cuidaba que sus lágrimas no cayesen. No entendía a aquella luna que lo observaba desde el cielo, tan sensual y distante, y deseaba, de una manera hasta morbosa, su carne. Caminó a su encuentro hasta que sus almas y cuerpos se sintieron cercanos. Le sonrió triunfante y la abrazó hasta que se desvanecieron. 

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