Es tan lindo desgarrarse los sesos de vez en cuando: hundir los dedos y despedazar la materia gris que lo compone, buscar las ideas entre los pedazos inertes de cuerpo y gritar de euforia al encontrar algún deseo reprimido que se intenta escapar por un costadito. Sí, debería ser un deporte, una costumbre: sentarse bajo el cielo, con la luna de testigo, y un vaso lleno de ansiedad o, en su defecto, alguna bebida con alto contenido de sinceridad en la mano.
Nota al posible y desdichado lector que se digna a malgastar su tiempo leyendo las arañitas que salen de mi mente:
No se si lo abran notado pero puse la letra más grande y color bordó. ¡Soy tan mala!
No se si lo abran notado pero puse la letra más grande y color bordó. ¡Soy tan mala!
2 comentarios:
jajajaja, un vaso lleno de ansiedad, no paraba de reírme.
yo creo que sí, que nuestras noches de melancolía ya podrían catalogarse como deportivas.
Cuando se habla de los vasos de ansiedad, no queda otra que resaltar la publicación!
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