febrero 20, 2012

Me atrevo a decir que la vida se mete por mis poros y envenena mi sangre, me invade la mente y destroza mis raices, ilusiones, deseos, miedos, angustias y anhelos. También me atrevo a afirmar que no duda en samarrearme junto al salvaje viento, golpearme contra infinidad de paredes (tanto literal como figuradamente) cuando me niego a aceptar lo que tengo frente a los ojos o cuando la felicidad me lleva ciegamente de la mano. Me atrevería a asegurar que es tan irreal, me asusta un poco, no duda en mostrarme lo bipolar (e histérica) que soy, lo poco concreta, lo poco clara, lo muy ilusa, idiota y tonta. A esta altura de mi vida, también creo que estoy en el derecho de decir que es increiblemente maravillosa, hermosa y mágica cuando quiere como también insípida, monótona y absurda, como también dolorosa como un puñal que desgarra lentamente mi piel y carne y deja brotar mares de sangre que inunden mi mundo. Y es así: simple, como un inmenso laberinto que nunca tendrá sentido alguno sino recorrerlo hasta que llegues a su fin, hasta que por fin salgas de él, y todo termine. Y es así, algunos tardan años, siglos en salirse, irán paso por paso, mirando el camino, observando los detalles de sus altos muros, sintiendo cada partícula de oxígeno que los rodea; y otros simplemente lo recorrerán volando, darán saltos apresurados y no necesitarán del tiempo para conocerlo, porque ya lo conocían hacía tiempo, no buscaban comprenderlo quizás, no se dejaban llevar por la monotonía de simplemente existir, "vivirán rápido".

1 comentario:

Anónimo dijo...

y ese que busca en su recuerdo para decir, afimar con orgullo que viviÓ!

ahora solo yace en el pozo